
El ruido está definido como todo sonido el cual debido a sus características de nivel, frecuencia y duración, puede ser dañino, molesto o interferir la comunicación. El nivel de presión sonora se mide en decibeles (dB) que es una relación matemática del tipo logarítmica. En consecuencia al aumentar en 3 dB un ruido, significa que su energía aumenta al doble, es decir 60 dB + 60 dB= 63 dB, y así sucesivamente.
Es muy raro que los sonidos de menos de 75 decibles causen la pérdida de audición, aún cuando uno esta expuesto a estos por un largo periodo. Lamentablemente existen muchas situaciones en las que nos exponemos a ruidos mayores a 75 decibeles.
A continuación se muestran algunos lugares en donde la exposición al ruido puede ser perjudicial:
La exposición prolongada a altos niveles de ruido no solo puede provocar la pérdida auditiva sino que tambien muchos otros trastornos fisiológicos incluyendo:
Evitar exposiciones prolongadas a niveles de ruido mayores a 85 dB y en caso de no ser posible, utilizar protección auditiva durante todo el tiempo de exposición. Es importante enfatizar que para ser efectivos los protectores auditivos deben de cumplir con la normatividad vigente y se deben colocar correctamente de acuerdo al instructivo correspondiente.
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